En Hogwarts los años han pasado, y es hora que una nueva generación dejé su huella en las paredes de la mágica escuela. ¡Ven y sé parte de la Tércera Generación!
 
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 Tus deseos son mis ordenes

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Dominique Weasley
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MensajeTema: Tus deseos son mis ordenes   Sáb Jul 25, 2009 6:37 am

El sol estaba poniéndose, y yo continuaba en la misma posición desde hacía algunas horas, acostada en un sillón de la Sala Común de Ravenclaw. El lugar estaba prácticamente vacío, todos habían tenido la misma idea, aprovechar los últimos rayos de sol que iluminarían Hogwarts, antes de que el clima Londinense hiciese acto de presencia.
Había terminado los deberes, que a decir verdad, no eran muchos y me sentía libre de tirarme a mirar el techo, o en este caso, el cielo raso azul de la Sala.

Una vocecita interrumpió mis delirios, y sus continuas palabras hicieron que me sentase en el sofá de cuero negro en el que había estado posicionada. Parpadee varias veces -¿Qué? ¿Podrías repetirlo por favor?-Pedí observando al muchachito, tenía las mejillas sonrosadas y se notaba que era de los pequeños, oí sus palabras y sonreí espontáneamente; Antes de que el pequeño se marchara, saque una rana de chocolate del bolsillo de mi blaizer y se la entregue, me caían bien los niños y ese era adorable, sus mejillas se sonrosaron más si eso era posible, farbullo un ‘gracias’ y corrió para quien sabe donde.
Moví un poco la cabeza antes de levantarme de mi reposo ‘casi’ eterno, mi cuerpo estaba entumecido, y encima continuaba con el uniforme Hogwartsiano, Muy a lo Dominique. Medias de lana azules hasta la rodilla, varios centímetros más arriba, dejando entrever mis piernas, se encontraba la falda negra de Hogwarts, a conjunto con un personal blaizer azul marino con el águila de Ravenclaw en dorado, esa mañana había colocado un moño azul en mi cabello rubio.
Finalmente decidí que era momento de levantarme, había deseado estar en este momento muchas veces a decir verdad, pero no lo confesaría.
Subí las escaleras de los chicos rápidamente, gracias a Rowena no habían cambiado las reglas, las chicas aún podíamos subir por su escalera, pero no al revés. Busque la puerta correcta, no quería equivocarme.

Abrí lentamente la puerta, y asome mi cabeza, no había nadie en la enorme habitación. El niño ya me lo había advertido, pero quería confirmarlo antes de encontrarme con una escena que ni el "Obliviate" desaparecería.
Ubique con extrema rapidez la cama de Stephen, era la única que se hallaba hecha y ordenada a diferencia de las tres restantes. Rebote hasta allí con una boba sonrisa en la cara, y me acosté en ella con un pequeño salto.
Su carta en el verano sobre que ‘tendría más seguido noticias suyas’, no había aclarado que lo vería todos los días, y que volveríamos a ser amigos por tiempo completo. Ni siquiera en el tren lo había visto al muy desgraciado, y estaba casi segura, que el había llegado un día más tarde, para no estar en la Cena de Bienvenida, todo para torturar a mi pobre corazón.
Había conocido los motivos de su regreso por los diarios, ni bien lo había leído en ‘El Profeta’, había corrido en busca de lápiz y papel como una desquiciada, y si el lo pedía, iría en busca de polvos flú también. Nos habíamos mensajeado durante varios días, sin evitar habar del tema, era extraño.

Me senté repentinamente en la cama, y extraje mi varita del bolsillo secreto que ocultaba mi blaizer, diseñado perfectamente por mua, en un chispazo una foto con marco plateado se encontraba entre mis manos.
La observe sonriente, esa maldita sonrisa boba no se alejaba de mi rostro, y comenzaba a preocuparme, pero no pude quitar la vista de la foto. La habían tomado en Tercer año, éramos Stephen y yo en los terrenos de Hogwarts, varios centímetros más pequeños a decir verdad y con unos rostros tan inocentes que me costaba creerlo.
Ese fue el año en el que nos habíamos conocido, hasta entonces, no habíamos reparado ninguno en la existencia del otro, aunque éramos del mismo curso y casa. Una rareza. El profesor de Defensa nos había hecho pareja, y aunque habíamos comenzado atacándonos, al final de la clase ya éramos bastante inseparables.
Saque con la mano los recuerdos, y volví a la foto, una pequeña y rubia Dominique se encontraba montada en la espalda de un sonriente Stephen, y ambos saludaban a la cámara, aunque yo estaba intentando ahorcar a Steph y el intentaba no tambalearse con tanto movimiento.

Una pequeña risita broto de mis labios al recordar aquellos momentos, y levante la vista aún con la fotografía entre mis manos, un sonriente muchacho me observaba desde la puerta del baño, entreabierta desde hace quien sabe cuanto tiempo.

-¿Stephen?- Pregunte entreabriendo levemente mis labios. Esa odiosa sonrisa volvió a colcarse en mi rostro y cuando tuve conciencia de lo que hacía, ya había saltado de la cama y me dirigía a un atractivo castaño cubierto solamente por una toalla anudada de la cintura para abajo.
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Stephen Delrieux
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Sáb Jul 25, 2009 7:26 am

La muerte de mi padre no había causado ni una pizca de gracia, ni siquiera aunque más de una vez estuve en desacuerdo con sus ideales de puritanismo, después de todo, era mi padre. Aquel que me entregó una vivienda más que digna, siempre la mejor educación, el que otorgó todos mis gustos y el que me dejó un legado que varios envidiaban y por supuesto, un excelente futuro en mis manos. Su partida había sido dolorosa, aunque me guardé las penas para mis adentros, al igual que mi madre. Aunque ella, si, ella estaba prácticamente devastada, aún no caía en la realidad. Y creo que lo único bueno que rescataba era volver a Hogwarts, aunque realmente me sentí más abrumado al estar en Inglaterra.

Los reporteros del profeta no dejaban de fotografiarnos a mí y a mi madre por cada lugar al que íbamos. Tuvimos que dar odiosas y nefastas notas para que el mundo se calmara. Pero lo que era más interesante, a nadie realmente le dolía la muerte de mi padre, solo era una nota más que publicar. Aunque por supuesto, nuestros verdaderos allegados se acercaron para consolarnos por la perdida. Además recibí cartas de mis amigos, entre ellos, las de Dominique. Con ella fue con quién más me hablé, pues había pura confianza entre nosotros y sobre todas las cosas...ansiaba verla.

Y ahora que estaba en Hogwarts, nadie me lo impedía. Es más, aquel día la había invitado a que se pasara un rato por mi habitación, pues mis compañeros irían a jugar un rato Quidditch por simple ocio. Pero yo realmente no estaba con muchas ganas de ese tipo de cosas, por lo cual pasé por alto la invitación. Y una vez que ellos se fueron, me dediqué a sacar las cosas de mi equipaje, guardar algunas en el baúl, hacer mi cama y finalmente, darme un buen y largo baño.
Tomé una toalla y enseguida me metí en el baño. Me sumergí en el agua caliente, tal y como a mi me gustaba y estuve allí un largo periodo de tiempo, relajándome y pensando en varias cosas. Hasta que el agua comenzó a congelarse y sentí frío. Salí de la bañera, me envolví una toalla alrededor de la cintura y me miré al espejo.

Pero entonces sentí un ruido, ¿tan pronto habían llegado mis compañeros?. Fruncí ligeramente el seño y salí del baño, encontrándome con una de las jovencitas más hermosas que mis ojos podían haber visto. Aquella miraba unas fotos y parecía no cerciorarse de mi presencia. "¿Dominique?." Pensé para mis adentros. Y si, era ella, estaba más hermosa de lo que recordaba, y no solo por ser hija de una veela. Rápidamente meneé mi cabeza, disipando los pensamientos y ella me llamó por mi nombre. ¿Por que sonaba tan bien saliendo de sus labios?.

Me ruboricé levemente y sonreí de costado, intentando mantener la calma. -Dominique.- Dije de manera seria, tanto que me sorprendió aquel tono de voz. ¿Tan nervioso me encontraba?, ¡era mi amiga!. Aquella se dirigía hacia mi, con ese paso tan encantador que dejaba idiotizado a todos. ¿Por que debían existir estas criaturas?. -Que bueno verte.- Luego me miré a mi mismo y dibuje una "o" con mis labios. Subí el dedo índice a modo de que me espere y luego fui en busca de unos boxers, me los puse lejos de la vista de ella y aún tapándome con la toalla y luego me tomé la cabeza. -Lo lamento Dom, no pensé que llegarías tan pronto.- Le comenté mientras revolvía entre mi ropa. -Mi camisa, ¿donde demonios esta?.- Me di vuelta y miré de manera frustrada a Dom, como un niño pequeño. -La camisa...necesito una.- Dije quedándome quieto, sin saber bien porque demonios debía encontrarme en ropa interior frente a mi mejor amiga.
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Dominique Weasley
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Sáb Jul 25, 2009 8:12 am

Iba directamente a abrazarlo, nada ni nadie podría impedimerlo, había ahorrado suficientes abrazos durante casi tres años como para que algo se atravesase en mi camino. En mis pupilas se encontraba su rostro bastante sonriente, y algo sonrojado, quizás por el agua caliente de la ducha.
Salte la cama que se encontraba junto a la de Stephen, y más unos cuantos pasos más, pum, estaba frente a una de las personas que yo consideraba más importante dentro de mi vida.
Sonreí ampliamente, como no lo había hecho desde hacía tiempo a decir verdad, ese tipo de sonrisas solo se las reservaba para eventos muy especiales.

Mis brazos se extendieron directamente para colgarme de el, y pum, pum pum, simplemente se quedaron en el aire, extendidos hacía arriba, como en esas viejas películas muggles, cuando los policías arrestaban a los ladrones.
¿El está sin camisa? , inconcientemente observe su torso desnudo, subí mi rostro de nuevo hasta llegar a la altura del suyo, y volví a bajar la vista hasta su ¿abdominales?.
-¡Oh Oh Oh!- Exclame entreabriendo nuevamente mis labios, como un pez fuera del agua. No había procesado tanta información cuando me había largado a correr dispuesta a recuperar el tiempo perdido.
Tape instantáneamente mis ojos con ambas manas, en cuanto el alzo un dedo señalándose a si mismo. Pensaría que era una pervertida, ¡Que horror!
Y no escuche más, mis pensamientos eran demasiado ruidosos como para tomar apuntes mentales de lo que me decía la persona de quien yo estaba intentando ocultarme.
Escuche su voz más lejana, y aunque sabía que mis mejillas ya estaban teñidas de un seguro color carmín, supuse que ya había encontrado algo de ropa. Suspire profundamente. Y baje mis manos rapidamente buscando con la mirada a mi pequeño amigo de tercer año, con quien había mantenido contacto durante tanto tiempo ¿Dónde demonios estaba el?¿Qué hacia este vil modelo de ropa interior, en casi ropa interior, en su lugar?.

Mi mirada lo encontró, y unos segundos después la palabra ‘camisa’, llego a mi mente. Era demasiado tarde para mi.
Mire en varias direcciones distintas, intentando no ahogarme en la vergüenza.-..yo..-Balbucee tontamente, ‘…yo…ni se lo que voy a decir’ no quedaba muy bien que digamos, por lo que volví a cerrar los ojos ,y fije mi vista en la cama de Stephen, donde había dejado olvidada instantáneamente la fotografía, en la que si éramos niños; al final de la cama, doblada se encontraba la camisa de bueno, el extraño Stephen, como lo había apodado momentáneamente. -Accio Camisa!-Pronuncie claramente, en cuanto saque mi varita, bastante rápido para ser que todavía estaba en estado de shock. La camisa llego a mis manos, y tan rápido como lo hizo se la lance directamente al pecho de Stephen.
Era, es, mi mejor amigo ¿Qué me sucede? Pensé en golpear mi cabeza contra la pared, pero no se vería muy normal que digamos, así que opte por la opción de volverme a tapar los ojos.-¿Podrías avisarme cuando estés listo?- Wow, ninguna incoherencia estaba saliendo de mis labios, era realmente sorprendente para mi. Tome aire, mis pulmones lo estaban pidiendo a gritos desesperados, que yo no había podido oír por los gritos desesperados que había lanzado mi cerebro anteriormente.

Me quede totalmente congelada en el lugar en el que me encontraba, justamente frente a Stephen, tenía miedo de que el pensase alguna cosa incorrecta sobre mi y sobre como había actuado, de buenas a primeras, lo veo y en esa situación, nunca había supuesto que…
Suspire profundamente de nuevo. Esto era realmente extraño, extraño y excitante a la vez, pero lo extraño lo superaba, si señor.
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Stephen Delrieux
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Sáb Jul 25, 2009 9:01 am

Al final nuestro esperado abrazo se vio interrumpido por mi semi desnudez, lo cual fue muy incomodo. Y creo que jamás en mi vida había insultado tanto al hecho de estar semi desnudo. Podría haberme ligado un buen abrazo por parte de la rubia. Pero lo que más me sorprendió fue el hecho de que se escandalizara tanto y se tapara los ojos, después de todo, solo seguía siendo yo con...Bueno, si, yo...Con 16 años de edad, crecido, cambiado y todos sus derivados. Aunque Dominique no se quedaba atrás. Sus piernas eran más largas de lo que recordaba y su cuerpo ya estaba perfectamente formado. ¿Debería suicidarme?.

Busqué de manera desesperada la camisa por la maldita habitación, hasta que Dom la encontró. Invocó el hechizo accio y me la lanzó rápidamente. En un ágil movimiento la atrapé y me la puse. Luego revolví en el baúl, en busca de unos pantalones negros. Hasta que finalmente los encontré. -Ya casi termino.- Dije con la respiración entrecortada, en medio de una carrera por ponerme los pantalones más rápido y así finalmente poder estar decente para Dominique, sin que ella estuviera incomoda.

-Li...listo.- Dije a media voz, apareciéndome nuevamente ante sus ojos y abrochando los últimos botones de la camisa. Ahora si era un alumno común y corriente y no un desnudista adolescente. Sonreí de manera satisfecha y sin que Dom me diera permiso, la abracé, la alcé y la hice girar conmigo como en los viejos tiempos. Solo que con la diferencia de que ahora podía soportar su peso y ya no me tambaleaba tanto.

Dejé entrever una sonrisa y la deposité nuevamente salva y sana en el piso. Teníamos mucho por hablar, no se si exactamente acerca de mi padre, pero si sobre nuestros planes. La tomé delicadamente de la mano y la llevé hasta mi cama. Me senté en el borde de ella y luego palmeé el colchón para que ella me acompañara allí también. -Te he echado de menos Dom. Durmstrang comenzaba a ser aburrido sin chicas.- Me encogí ligeramente de hombros y suspiré pesadamente. -Por cierto...¿Que era lo que mirabas antes de que...?, bueno...ya sabes.- Le pregunté sin querer mencionar el episodio de la toalla.
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Dominique Weasley
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Sáb Jul 25, 2009 9:46 am

Me balanceaba sobre mi misma desde hacía unos minutos, aún mantenía fuertemente mis ojos cerrados, sin saber exactamente-a-que le tenía miedo, pero no era un hecho que pudiera cambiar.
Oí su voz avisándome que ‘se encontraba listo’, eso quería decir que tenía una camisa y un pantalón, y que no me sonrojaría tontamente al verlo; cuando comenzaba a abrir los ojos, un corto grito salio disparado de mis labios. El se encontraba frente a mi y comenzaba a darme vueltas en el aire.

Lo abrase con fuerza, mis brazos se entrelazaron con su cuello firmemente, como si no quisiese dejarlo escapar, no de nuevo y reí, reí alegremente al tiempo que el me giraba incontables veces por el aire. Mi corazón estaba por estallar, estaba segura de ello, eran demasiadas emociones para ¿20 minutos?.
Al fin ceso, me coloco en el piso, donde los últimos dejes de mi risa se hicieron presentes, lo observe a los ojos como hacía tiempo no lo hacía -..No vuelvas a dejarme sola..-No era una exigencia, ni mucho menos un reclamo, era un pedido que había querido hacerle desde el primer día en el que se había marchado, razonablemente no lo había hecho, había sido seguramente mucho más difícil para el marcharse y dejar todo atrás, que para mi extrañarlo. Pero simplemente lo hice, no quedaban opciones.

Camino hasta la cama, y se sentó en el borde, lo observe con esa tonta sonrisa que comenzaba a detestar, ¿No se iría?. Palpo el colchón y me señalo que fuese junto a el, obedientemente lo hice, había esperado suficiente como para despegarme en aquellos momentos.
Me dirigí hacía el lugar en concreto, lentamente, me gustaba el poder mirarlo, el poder saber que era real, y no solo un deseo que yo me imaginaba. No era a trabes de una chimenea o de cartas. El estaba ahí, esperándome . Me senté a su lado, no pudiendo ocultar la hilera de perlados dientes que brotaba en mi sonrisa. Era feliz, realmente feliz.
-Yo también te he echado de menos Steph- Respondí sinceramente, mirándolo a los ojos, los suyos eran realmente grandes y hermosos, un azul profundo, a comparación de los míos, que eran más brillantes y se asemejaban al turquesa.-Oye!-Exclame golpeando su brazo-Se supone que extrañaste a tu amiga, no a las demás chicas- Añadí de forma bromista, sabía que lo decía por mi, y yo sabía que lo hubiese dicho por el.

Sonreí más, si eso aún era posible, ante su pregunta. Me acosté en la cama y esa vez fue mi turno de palmear el colchón para que el también lo hiciera. Tome cuidadosamente entre mis manos la foto que había traído, era uno de mis objetos más preciados. -¿Recuerdas esto?- Pregunte cuando el estuvo a mi lado, pasándoselo con delicadeza, no sabía si se acordaría de ello. Éramos tan diferentes, tan niños, en esa época no pensé que pudiéramos separarnos.
Me gire para poder observarlo, me repetía a mi misma lo real que era la situación para creerlo.-Hey tú!-Lo llame, acerque mi rostro al suyo , y deposite cuidadosamente un beso en su mejilla -Realmente te extrañe-Le dije sonrientemente, los motivos de su vuelta me importaban y mucho, su padre era alguien importante y primordial en la vida de Steph, a pesar de los múltiples choques, sabía que no todo estaba tan bien como el lo hacía parecer.
Independientemente, yo no podía negar que estaba feliz.
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Stephen Delrieux
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Sáb Jul 25, 2009 10:20 am

El hecho de que Dominique me dijera que no vuelva a dejarla sola me hizo sentir...No lo se. Especial, en la cima de la montaña y yo siendo el rey de aquella. Le sonreí bobamente y asentí con la cabeza. E internamente me prometí que jamás volvería a abdonar a mi vieja y tan preciada amiga. La quería mucho como para que volvieramos a separarnos y jamás volvería a Durmstrang, aquí era donde tenía a mis verdaderos amigos, que me querían sin importar quién era o que tenía.
-No volveré a irme.- Le prometí, mientras tomaba su mano y depositaba un suave beso en ella, en forma de promesa. Luego suspiré largamente y miré con desinterés la habitación. Todo estaba desordenado menos mi cama. Llevé una mano a mi cabello y lo desordené en un acto inconciente.

Y cuando estuvimos sentados en la cama, las cosas fueron más bizarras. Más que nunca en mi vida me sentía hechizado e hipnotizado por Dominique. ¿Acaso su poder aumentaba a medida que crecía?. De seguro ya podía imaginar a un grupo de chicos desfilando detrás de ella, que tedioso podría llegar a volverse todo eso. -Por cierto, este año deberé ahuyentar al enjambre de hombres ¿verdad?. De seguro no podré caminar ni un segundo tranquilo si estas a mi lado.- Comenté entre risas, sabiendo que en efecto, eso sería así. De ahora en más tendría que salir con la varita más seguido. Reí para mis adentros y la observé una vez más.

Mirarla era un acto tan súblime y pácifico. Adoraba cada centímetro de ella. "Despierta chico". Pestañeé un par de veces y vi como ella se acostaba y un tanto inseguro la acompañe y me recoste a su lado, teniendo su rostro lo suficientemente cerca. Y realmente no estaba muy seguro de querer voltear y sentir su agradable respiración sobre mi. Por lo cual, miré el techo de manera estupida. Hasta que ella me habló y me pasó una fotografía de ambos, cuando eramos más pequeños.

-Vaya, eso si que es inocencia.- Nuestros rostros lo demostraban. Sonreí de manera divertida y suspiré. El tiempo si que volaba. Por momentos me quedé pensativo mirando la imagen, hasta que la voz de Dom me sacó de mis cavales. La miré de reojo y a continuación recibí un beso suyo en mi mejilla. La cual rapidamente adquirio una tonalidad rosada. "Mierda!, esto esta mal". Giré mi rostro hacia ella y le sonreí. Adoraba mirarla. -Yo tambien lo hice.- Le susurré, mientras le devolvía aquel beso en la mejilla. Aunque el mio fue algo más pronunciado.

Me eché a reír y de manera inesperada la giré e hice que se quedara encima mío. Pasé mis brazos por detras de su cintura y la aferré más a mi, sin querer soltarla. -¿Que me dices si luego te rapto, subimos a una escoba y siembro envidia entre los hombres de Hogwarts?.- Sonreí de costado a mi amiga, sin darme cuenta demasiado de lo que había hecho.
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Dominique Weasley
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Dom Jul 26, 2009 3:10 am

Sentí como sus labios se posaron en mi mano, y simplemente la beso, a modo de promesa No volverá a irse. Sonreí alegremente-Voy a hacerte firmar un documento, por si las dudas- Comente divertida, realmente confiaba en el.
Con el paso de los años, habíamos continuado enviándonos cartas, y conectándonos solo de vez en cuando por medio de las chimeneas, no había habido visitas, el no podía venir y a mi no me permitían ir sola. Fue doloroso a decir verdad, pero era espectacular que las cosas volviesen a ser como antes. ¿Volverían a ser como antes?

Observe desde la cama la habitación, yo no podría vivir ahí, en cuando había entrado al lugar, había desinfectado todo. Stephen conocía mi obsesión por la limpieza y el orden, quizás por eso su cama se encontraba perfectamente hecha; en el lugar había libros tirados, plumas encima de la cama y paquetes de snacks abiertos, intente no pensar en ello, y extrañamente lo logre, tenía una fuerte emoción en el pecho como para concentrarme demasiado en otra cosa que no fuese mi amigo
Reí ante su comentario sobre ‘un enjambre de hombres’ era tonto y muy sobreprotector, me gusto sentirme cuidada nuevamente, me sentía a salvo. A pesar de ser terriblemente independiente, siempre me había apoyado en Steph como uno de los pilares fundamentales en mi vida, y casi había caído cuando el tubo que marcharse.-No es así-Dije negando levemente con la cabeza-Hay muchas chicas en Hogwarts, realmente bonitas…y si lo fuese, no me interesa-Concluí felizmente. Nunca había sacado provecho de los encantos legados por parte de mi madre, junto a Victoire, había aprendido que lo fisico no era lo primordial, eso no te hacía ‘realmente bella’, sino contrariamente, tu interior te definía como una persona hermosa, o no.-En cuarto, mamá me enseño un hechizo para hacer que el cabello no pudiera moverse..-Comente felizmente señalando mi pelo, siempre que dejaba suelto mi cabello era todo tan tedioso, este parecía cobrar vida por si solo y atraer a cuanta persona del sexo masculino estuviese a la redonda.

Respire unos segundos, si no lo hacía iba a morirme ahí mismo, y no sería agradable. Inmediatamente Stephen tomo la foto que yo le había pasado, la miro sonriente y eso me hizo sentir más contenta de lo que estaba, el si recordaba aquella fotografía.-Éramos lindos realmente-Añadí sonriente-Tú eras mas bajito que yo, no tienes derecho a haber crecido tanto-Agregue burlonamente. Realmente, no tenía ningún derecho a haber crecido, tanto tanto tanto
¿Estaba siendo demasiado afectuosa? Quizás la emoción estaba desbordándose, vi su reacción ante mi gesto, era normal que lo besase en la mejilla ¿o no? El Stephen de antes no se sonrojaba cuando lo hacía.
Lo observe unos segundos, su reacción me había parecido algo extraña, pero era extrañamente linda al fin y al cabo.
Reí brevemente ante su respuesta, estaba confirmado, el si me había extrañado ,-Me tendrás pegada hasta en las vacaciones sino cumples tu promesa-Bromee luego de que el me devolviese el beso en la mejilla, lo senti raro, raro y cálido
Me encontre a mi misma sobre Stephen de un segundo para el otro, el sujetaba fuertemente mi cintura, y en mi boca se formo una gran o, estaba realmente sorprendida.
Apoye mis manos sobre el pecho de mi amigo aún consternada, podía sentir su respiración demasiado cerca y comenzaba a inquietarme.-..eeeeeeh-Balbucee sin saber exactamente que decir, si no fuese su amiga, esa posición me parecería bastante extraña…
Impulse mis manos sobre su pecho, y volví a mi posición inicial, junto a el, lenta y cuidadosamente apoye mi cabeza sobre su pecho y respire con normalidad, por fin

-Te advierto que corres el serio riesgo de no cosechar nada-Dije luego de unos minutos de procesar todo lo que había sucedido, el estaba más que seguro que yo tenía un ejercito atrás, y a pesar que me gustaba que fuese celoso y protector conmigo, nunca había visto a un sequito de chicos seguirme.-Pero acepto dar el paseo en escoba de todas maneras-Agregue sonriente, Steph siempre tenía la última tendencia en escobas, y las suyas era realmente buenas y rápidas.

Alce mi rostro por encima de su pecho y busque su mirada.-¿No quieres hablar antes?-Pregunte de manera suave, poniendo mi mano sobre la suya, si el necesitaba de mi, yo estaría ahí por el, cuanto tiempo quisiera.
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Stephen Delrieux
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Dom Jul 26, 2009 5:25 am

Había un problema allí y era bastante grande. Uno que había llevado atado conmigo desde aquella clase de pociones que me había tocado trabajar con Dom. Su pelo, su rostro, su sonrisa, su voz y su perfume. Todo era endemoniadamente encantador para mi y para cualquier chico consiente de que Dominique era atractiva. Yo sabía que me gustaba hasta el cansancio, pero siempre una parte de mi había intentado reprimirla de manera estúpida. Además, ella era mi amiga y prefería mantenerla así, antes de no tenerla. Pues lo más probable, es que si ella se enterara de aquello, se alejaría de mi totalmente asustada.

No, yo no quería que eso suceda. Debía mantenerme al margen y el hecho de que ambos estuviéramos acostados en una cama, no me ayudaba en lo absoluto. Sonreí de manera nerviosa y me insulté a mi mismo por llevar a cabo las acciones que estaba tomando. Todo era una completa estupidez, Dom me veía como un amigo. Siempre lo fui y precisamente eso le daría. Un amigo como dios manda, y no uno que se babosea secretamente al verla.

Por eso, en parte fue genial que Dominique volviera a su posición natural, aunque se apoyara en mi pecho y su aroma prácticamente me embriagara. Al menos, su rostro ya no estaba tan cerca del mío. "Gracias Merlín." Me reí levemente ante su comentario de no cosechar nada ya que a mi me parecía lo contrario. ¡Por favor!, apenas cuando estábamos en tercer año y caminaba junto a ella, mis compañeros o los de cuarto curso me comían de odio con la mirada. "Intimidante y escalofriante." Casi como mi bonita y rubia compañera.

-Vale, un paseo con escobas...¿Este sábado?.- La miré de reojo y sonreí sutilmente. Luego, decidí hacer algo por mi propio bien cuando Dom colocó mi mano sobre la suya y me pregunté si quería hablar. Me senté en la cama y me quedé en silencio y vacilante. Sabía que aquello en parte se debía a la reciente pérdida que había tenido. -Yo...- Dije en un tono lejano, con la mirada perdida en un lugar inexacto de la habitación. -No se que decir y no se si pueda.- Sonreí de manera triste, suspiré, negué con la cabeza y la dejé caer hacia abajo, mirando al piso.

-Fue duro ¿sabes?, a pesar de nuestras diferencias. Era mi padre.- Aquello sonó en un tono de voz triste y cargado de dolor. -Pero supongo que debía suceder...No puedo hacer nada.- Me encogí de hombros de manera resignada y revolví mis cabellos torpemente.
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Dom Jul 26, 2009 7:44 am

En otras múltiples ocasiones, yo hubiese comenzado a divagar, a pensar en cosas que no venían al caso, pero a diferencia de esos momentos, este era especial para mi.
-El Sábado es mi día preferido-Respondí algo bromista ante su invitación a volar en escoba, si el me hubiese dicho que fuésemos ahora, que aún era temprano yo probablemente hubiese respondido ‘Era lo que estaba pensando’; Ciertamente, tenía miedo de abrumarlo demasiado con mi presencia-Más te vale que cuando te canses de mi me avises, se considerado-Dije minutos más tarde con una sonrisita divertida.

Lo observe atentamente, mis ojos iban de un lado a otro, preocupados ante cual sería la respuesta de Stephen sobre ‘querer hablar’. El me sonrió tristemente y se sentó sobre la cama antes de responder.
Estaba aterrada, no sabía como reaccionar, deseaba que no sufriese, que realmente esa perdida no la hubiese sufrido el, definitivamente no la merecía.
Calle durante unos minutos, mi mano volvió a buscar la suya, pero esta vez como un gesto reconfortante, apreté la suya con fuerza, quería que supiese que realmente estaba allí, para el .
-Si no te sientes preparado no lo hagas- Susurre lo suficientemente alto como para que el me escuchara, no quería alterarlo. Si no quería contármelo, o simplemente evitar el tema, yo no iba a presionarlo, quería que estuviese listo.

Para cuando el había terminado de hablar, de pronunciar su última palabra, yo ya sentía una extraña sensación en el pecho, una mezcla entre querer largarme a llorar y en otro lugar, una fuerte corriente que incluía parecer fuerte para que el no flaqueara. No quería saber cual ganaría.
Aprete más mi mano contra la suya -Las cosas no pueden cambiarse Steph…-Dije de manera suave, y a la vez tierna-Solo puedes guardar las cosas buenas, y recordar que realmente lo quisiste-Nunca antes había dicho tales cosas, no había tenido que pasar una situación tan dolorosa como la que le tocaba atravesar a mi amigo, pero me sentía preparada para acompañarlo en cuanto el quisiese.
Había conocido al padre de Stephen, era un hombre duro, que me había tratado con frialdad al oir ‘Weasley’ y con más calidez cuando supo quien era mi abuela en Francia. No hubo más trato que unos cuantos saludos, pero un padre es un padre y eso no podía negarse.-..Y que el también te quiso, solo recuerda eso-Aunque habían tenido serias peleas, y habían chocado por temas que ni siquiera valían la pena, ese hombre quería que su hijo se formase de la mejor manera y había trabajado para dejarle un buen futuro-El no querría que te derrumbes Steph…-Unos minutos después esas palabras salieron de mis labios. Era fácil decir aquello, cuando uno no estaba en la situación correspondiente, pero solo podía hacer eso, estar allí y apoyarlo.

El tiempo paso, no sabía exactamente cuanto ni cuando me había incorporado de la cama, y me había sentado junto a el.
Pase mis brazos por su cuello y coloque mi rostro sobre su hombro.
-Yo estoy aquí para ti-Murmure suavemente.
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Stephen Delrieux
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Mar Jul 28, 2009 3:10 am

En definitiva no había vuelta atrás. Lo único que podía hacer, era mantener los buenos recuerdos de mi padre en mi mente. Y aunque agradecía profundamente las palabras de Dominique, aquello no funcionaba. Era algo que todo el mundo solía hacer para darle aliento al otro, no solucionaban nada, solo era una extraña costumbre, pero al menos me hacía pensar. Mi padre no hubiera deseado que yo este así, lo más probable es que hubiera dicho algo como "Hey tu!, si, tu!. Deja de ser idiota y compórtate como un hombre." De hecho, su voz casi resonó en mi mente, lo cual me hizo sonreír.

Ser un hombre. Mi papá había pretendido eso durante años, pero yo prefería asumir el rol de adolescente común y corriente -literalmente-. Aunque con el asunto de que mamá se encontraba sola trabajando en el ministerio y controlando la fábrica de escobas, pues yo también tenía que comenzar a asumir nuevas responsabilidades cuando mi instancia en Hogwarts terminaban. Y no tener vacaciones era horrible. Pero yo no había elegido que mi padre se muera. Esas cosas simplemente pasaban.

-Tienes razón.- Dije finalmente luego de un largo silencio, mientras apretaba suavemente la mano de Dominique. -Mi padre hubiera deseado que esto sea diferente.- Subí mi vista de manera repentina, la miré y le sonreí. Y ahí no estaba observando solamente a la persona que me gustaba, sino, a mi verdadera amiga. Sin duda alguna, esa era la que valía más. -Gracias por todo Dom.- Subí mi mano a su cabello y lo revolví de forma juguetona.

Luego separé mi mano lentamente de ella, me paré y comencé a buscar unas cosas en mi cajón. Finalmente saqué unos libros, pergaminos y plumas, entre ellos una carta. Tiré todo sobre la cama y me quedé observándolos, sin sentarme aún. -Tengo que hacer tareas.- Dije con el seño ligeramente fruncido. -Y leer esa carta.- Señalé a la carta que estaba intacta y sin abrir. -La escribió mi padre unos días antes de morir...Mi madre me la dio.- Apreté mis labios con cierta desconfianza. -Pero aún no me animo a hacerlo.- Pestañeé un par de veces y luego miré a Dom.
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Dominique Weasley
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MensajeTema: Re: Tus deseos son mis ordenes   Dom Ago 02, 2009 12:19 am

El silencio comenzaba a acumularse como nunca antes lo había hecho, parecía que en aquella habitación solo hubiese eso, silencio . Mi mirada no lograba apartarse de la de Stephen, era dolorosamente difícil hacerlo, aún no alcanzaba a entender porque yo sufría tanto con lo que le sucedía a el.
Si, aceptaba que había querido realmente a pocas personas en la vida, mi familia, mis amigas y Stephen, eran quienes realmente me importaban. Ninguno de ellos había tenido que pasar por una situación tan…dolorosa e importante, no por lo menos frente a mi, y me frustraba el no poder hacer nada para impedir que ese dolor estuviese con el, el no poder cambiar las cosas para que no sufriera.
Suspire lentamente y mire con fijación el suelo, solo quedaba estar ahí por si el me necesitaba, y ayudarlo a que no flaquease con sus ‘nuevas responsabilidades’, el mismo debía sostener a su madre y al nuevo legado que su padre le había dejado.

Sentí como su mano apretaba con más fuerza la mía, y levante la vista instantáneamente para ver su mirada fija en la mía, con una sonrisa. No pude alegrarme ni siquiera devolverle la sonrisa, su sonrisa era triste, y yo no podía ser ‘la normal y alegre Dom’ cuando el no estaba bien.
Merlín, mis niveles de felicidad con ese chico variaban cada dos segundos.
-Siento que todo esto suene tan… tan vacío-Dije suavemente negando con la cabeza. Me molestaba el no poder hacer nada más por el que estar ahí, y odiaba el hecho de que las personas quisieran aprovecharse de el en ese momento.
Su mano, en quien sabe que momento, había subido hasta mi cabello y el muy descarado se divertía desacomodándolo. Lo miré de mala manera como el sabía que lo haría, detestaba que tocasen mi cabello casi tanto como la suciedad-¿Nunca te dije lo qué les sucede a quienes tocan el cabello de una Veela?-Sisee intercalando mi mirada entre el y su preciosa almohada. En otras ocasiones había sucedido, y las cosas…bueno, éramos niños ¿no?

Mi mano alcanzo su rostro y acaricié su mejilla -Shhh, conmigo no-Susurre sonriéndole ¿con ternura? Yo misma me sorprendía cada día, pero eran reacciones irracionales que solo sucedían con Steph.
Intentaba parecer fuerte ante todo, simular que estaba preparado para todos los acontecimientos que habían sucedido, y para hacerse responsable de todas las cosas que se le habían venido arriba, y el era solo un niño que estaba obligado a hacerse hombre de la noche a la mañana. Solo quería agregar que yo era la niña que quería estar a su lado.

Mi mirada lo siguió en su trayecto de la cama al escritorio, y desconcertadamente me entretuve observando como sacaba libros, pergaminos y plumas para hacer ¿los deberes?. Quise golpearme la frente con mano ante lo que estaba haciendo, pero me detuve al oír sus palabras. Observe la carta con atención, era cierto, tenía el sello de la compañía del padre de Steph, y había sido enviadas días antes de su muerte…totalmente raro.
Me levante con cuidado de la cama, y alise mi ropa al instante.-Tienes que leerla, por más duro que sea, es mejor hacerlo ahora-Dije cuidando mis palabras, observe la espalda de Steph, el cuerpo de mi nuevo amigo era bastante distinto al del anterior ‘Stephy’ pero por suerte seguía siendo el mismo. Claramente no era momento para preguntarme que habría sido de mi sin el, pero no pude evitarlo, y sonreí inconcientemente. Menee mi cabeza quitando ese pensamiento estúpido y a destiempo, ¿Qué hacía yo en ese momento pensando eso?.

Me adelante y puse delicadamente mi mano sobre su hombro, girándolo para que quedase frente a mi. Señale con mi pulgar la puerta y con el índice el suelo-Conmigo o sin mi, eso no importa-Dije sonriéndole débilmente, yo…solo quería lo mejor para el, y estaba justamente en el decidirlo-Solo debes saber que siempre estaré disponible para ti ¿si?-Sonreí candidamente, ¿desde cuándo yo era asi? Pestañe un par de veces, y mire a Stephen directamente a los ojos, ok, no esperaba una respuesta tan pronto.
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