En Hogwarts los años han pasado, y es hora que una nueva generación dejé su huella en las paredes de la mágica escuela. ¡Ven y sé parte de la Tércera Generación!
 
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 Cigarillos en el balcón...

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Simone Borage
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MensajeTema: Cigarillos en el balcón...   Lun Ago 10, 2009 8:49 pm

[PRIVADO]


Una semana en Hogwarts y se podría decir que las cosas iban... tolerables. El colegio estaba plagado de impuros y traidores a la sangre, pero eso ya lo sabía incluso antes de aceptar aquel trabajo en la escuela, era una plaga con la que debía lidiar, por otro lado también me había encontrado con individuos pertenecientes a grandes y ancestrales familias de magos de sangre pura, algunos más destacados que otros, algunos que llamaron más mi atención que otros… sin embargo el nivel de los alumnos en general era deplorable, exceptuando uno que otro estudiante.

Con los profesores el panorama era tan desastroso como con los alumnos, la plantilla llena de viejos y viejas blandengues, sin disciplina y sin ni una pizca de lo que se requiere para formar mentes brillantes. Plagado de mentes débiles y sumisas a un sistema implantado por el Ministerio que solo exacerbaba la estupidez, la flojera y las ridículas ideas de igualdad en la sociedad mágica.

Igualdad... que término más repugnante.

La igualdad no existía, la sociedad estaba hecha para que se ordenara en escalafones, siempre había sido así, y debía seguir siendo. La igualdad era una aberración contra la propia naturaleza, la igualdad era hacer creer que impuros y brujos de sangre limpia eran iguales. ¿Cómo igualar al heredero de una familia de magos con linaje desde el siglo XV con un hijo de muggles? La simple idea me era repugnante y ridícula.

Recordé la conversación con mi padre antes de aceptar el trabajo en Hogwarts, él no estaba muy contento con mi idea de aceptar el puesto, para mi era importante sólo por una cosa, tener un periodo de bagaje como profesora en aquella escuela sería interesante, ganaría experiencia, tendría la oportunidad de realizar las conexiones necesarias que no había podido hacer durante mis tiempo de estudiante por haber pasado la mayor parte del tiempo en Rusia, y porque no decirlo, aprovecharía mi puesto para elevar el nivel dentro de aquel mediocre lugar, después de todo no dudaba con que me encontraría con más de una mente dispuesta a aprovechar la oportunidad, tal como lo había hecho yo durante mis años en Dumstrang. Por otro lado, no pretendía alargar mi estadía en Hogwarts más allá de lo necesario, a lo sumo dos años y me marcharía, mi tolerancia a tanta mediocridad no duraría demasiado tampoco, mi paso por Hogwarts sería un punto a favor más en mi curriculum, y punto.

Era viernes ya, luego de la cena me había dirigido hacia la Torre de Astronomía, me apetecía dar un pequeño paseo antes de volver a mi despacho en las mazmorras, llegué a la zona más alta de aquella torre, la vista desde el balcón era simplemente asombrosa, ese era el único crédito que le daba a Hogwarts en relación a Dumstrang: la ubicación de aquella escuela era formidable, aunque seguía prefiriendo los climas helados no podía negar que el emplazamiento del castillo era bastante privilegiado.

Saqué un cigarrillo y lo encendí, no había fumado en todo el día, en parte porque el viernes era el día que tenía mas ocupado y menos tiempo tenía para darme un tiempo de soledad y descanso. Expulsé el humo en línea recta y apoyé una mano en el barandal; el día había estado bastante soleado y la noche aún se mantenía cálida, por lo que andaba sólo con una fina capa de seda negra sobre mi atuendo habitual.

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Keith Ross
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MensajeTema: Re: Cigarillos en el balcón...   Mar Ago 11, 2009 1:33 am

Sus pasos sonaban amortiguados por el pasillo, se dirigía a la torre más alta del castillo: la torre de astronomía. Había cenado y había optado por separarse del grupo, subir las escaleras en vez de bajarlas. Eludir a los prefectos y despreocuparse por el momento del toque de queda que probablemente estaría por empezar en unas horas. Tenía dieciocho años y realmente no necesitaba irse a la cama temprano. Y el próximo día era sábado, no tendría clases y su reloj no sonaría porque era parte de su rutina romper la misma todos los viernes. Como para contradecirse un poco.

Los peldaños lo llevaban en un círculo constante hasta el tope donde se descubrió en el centro de la sala. Su vista se paseó por el globo terráqueo cuando sus ojos buscaron instintivamente a Estados Unidos. Luego descubrió a la mujer en el barandal y en vez de darse la media vuelta y alejarse se mantuvo estudiando su figura tranquilamente. No le costó saber que por el aspecto maduro pero juvenil se trataba de Borage. Se apoyó en el umbral de la puerta y golpeo con el dorso de su mano la pared de piedra para que se diera cuenta estaba allí. Cabello oscuro y ondulado que jugaba con el viento y manos delicadas sosteniendo un cigarrillo. Bajó la mirada ante el brillo del fuego en la punta del cigarro. Sonrió de medio lado un segundo chasqueando los labios cuando se fijo en sus ojos azules gritándole con los gestos que expresaban su rostro que eso era un gran ejemplo, irónicamente hablando. Porque K. era muy sarcástico siempre.

No soltó palabra alguna, siguió su camino hasta el borde del balcón y miró hacia el vacio en completo silencio. Impertinente. Acercarse a una profesora sin que estuvieran en el horario de clases con aquella actitud tan relajada, como si olvidase era una autoridad del colegio. Introdujo su mano en el bolsillo interno de la túnica y saco una cajetilla, tomó un puro y se lo puso entre los labios. Lo encendió con un chasquido de los dedos y dio una calada profunda. La nicotina llenó sus pulmones, cerró los parpados sintiendo el placer de los nervios disipándose. Tiró el cuello hacia atrás y escupió el humo entre los dientes. Como si ese bufido exasperado se llevara todo lo insufrible de su vida. -¿Desde cuándo fuma, profesora Borage? –Le preguntó de forma casual. No planeaba intimar con la profesora, tener una relación diferente a la de los demás alumnos. Nada por el estilo. Sencillamente era como siempre y actuaba como se le venía en gana. Aún no le había contestado sobre su propuesta. Y no estaba seguro si sería mejor aceptarla o declinarla. Aspiró una bocanada de nuevo. Tenía que darle una respuesta.

La ceniza caía como un polvillo gris hacia el suelo del patio escolar. El humo se elevaba dando espirales y a Keith le recordaba a la bruma de Londres por las mañanas. No se fijo en ella aunque por el rabillo del ojo podía notar cada reacción de la mujer. Su concentración estaba en el bosque prohibido, en los oscuros árboles que se movían suavemente con el viento produciendo un sonido fantasmal. El cielo estaba especialmente oscuro y Ross sentía el insomnio en las venas. Entonces se acordó que los psicoanalistas decían el bosque era símbolo del inconsciente humano. Se cuestiono que criaturas estarían escondidas en el suyo y no dudó en pensar que serian probablemente más peligrosas que las dichosas acromantulas que allí habitaban. – La vista es buena. –Dejó escapar su voz ronca y carrasposa, grave, seca y un tanto amarga. No lo creía tan así. Lo mejor se mantenía oculto.
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Simone Borage
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MensajeTema: Re: Cigarillos en el balcón...   Mar Ago 11, 2009 6:00 am

Mientras daba otra calada al cigarrillo me sentí de pronto observada, expulsé el humo con brusquedad mientras oía con perfección los golpes a mis espaldas, quien quiera que estuviese atrás estaba dando a conocer su posición, aún así no me volteé, esperé a que el individuo llegase junto a mi, un leve movimiento de cabeza y la figura de Keith Ross apareció a mi lado.

Continué mirando al frente sin parecer inmutarme por su presencia, aunque la verdad es que no me esperaba que apareciese un alumno por ahí a esas horas. Por el rabillo del ojo le vi rebuscar en su capa y encender- no un cigarrillo- si no un puro. Seguíamos en silencio hasta que el hizo una pregunta directamente hacia mi. Guardé silencio unos segundos antes de hablar.

- Creo recordar tres cosas importantes, Ross- dije dando otra calada a mi cigarrillo y expulsando el humo con lentitud antes de hablar- Uno, eres estudiante, por tanto no puedes estar aquí a estas horas, cuando ya es casi el toque de queda; dos, eres estudiante- volví a repetir aquello con voz burlona- por lo tanto no puedes fumar; y tres… - por primera vez me volteé hacia él para mirarlo de frente con una sonrisa torcida- eres estudiante y yo soy tu profesora por lo tanto no tienes derecho a hacerme preguntas personales.

En realidad era una pregunta por completo irrelevante, pero no me apetecía comenzar a contar cosas a nadie, era muy hermética, ademas no iba a Hogwarts a hacer amigos y mucho menos a tener lazos confidentes con alumnos, respondiendo preguntas, aun así fuese Ross quien formulara, que por lo que ya comenzaba a darme cuenta, no era como cualquier estudiante, destacaba, y no sólo en el aspecto académico.

- Supongo que has meditado sobre lo que te propuse la clase anterior…- la voz fue seca, antes de volver a expulsar el humo, esta vez formando pequeños aureolas en el aire, que se disolvieron poco a poco en la lejanía.

Me apetecía saber la opinión de Ross, sobre todo porque no era de las personas que daban licencias u ofrecían cosas sólo porque sí, y tenía la certeza que él sabía de aquello, por lo tanto si declinaba mi oferta no la volvería a ofrecer.

Nuevamente el silencio invadió el ambiente, roto solo por las leves aspiraciones de ambos consumiendo el tabaco. La escena era francamente extraña, de hecho incorrecta, un estudiante no debía estar a mi lado fumando como si fuésemos viejos amigos, en primer lugar porque yo no tenía amigos - solo conocidos y “cercanos” que me eran útiles de un modo u otro- mucho menos en Hogwarts, y en segundo lugar porque Ross era un estudiante.

- Vete de aquí, Ross, no querrás que te acuse por burlar las normas de la escuela.

Mitad burla, mitad provocación, sin siquiera entrar en su mente podía saber que él no era de los que se preocupaban por estupideces como reglas de comportamiento escolar; normal, yo jamás lo había hecho en mis años en Dumstrang, y nunca me había llevado ni medio castigo por aquello, era demasiado lista y tenía demasiadas influencias como para pasar por aquello. De un modo u otro estaba probándolo.

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Keith Ross
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MensajeTema: Re: Cigarillos en el balcón...   Miér Ago 12, 2009 5:43 am

Soltó una risa entre dientes. –Yo recuerdo otras tres. –Le respondió, sin girarse a mirarla en ningún momento. –Primero, soy mayor de edad y es mi responsabilidad a qué hora y donde deambulo. –Dio una pitada al habano y cuando siguió hablando permitió que el humo se le escapara lentamente a cada palabra que daba, sin expulsarlo con su respiración por completo. –Segundo, por lo mismo si puedo fumar. –Ladeo su rostro mirándola de soslayo, con suspicacia.- Y tercero la libertad de expresión me permite preguntar.

-Usted decide si contestarme o no. –La miro de arriba abajo, estudiando su figura de manera superficial. Giro su cuello nuevamente, examinando el puro entre sus dedos giro el cigarro frente a su rostro. Ross era de los que creían los noviazgos eran una pérdida de dinero. Las mujeres eran histéricas y a uno le quitaban tiempo, paciencia, espacio… Cuando con un polvo uno tenía diversidad al elegir con un poco de compromiso ya lo ataban. Y terminaban engañándolo siempre, de alguna forma u otra. No eran como decían ser, le mentían, le tenían miedo, dejaban de amarlo. Aunque él nunca las había querido del todo a sus ex y eso mismo fuera lo que siempre le reprochaban. Bah. La nicotina le era fiel, valía pagar por ella y para colmo era la única que lo calmaba con un par de caladas. Jodida adicción, era el amor de su vida. Volvió a tomar una dosis de la misma.

-Lo he meditado. –Admitió. Con sus brazos cruzados sobre el barandal reclinó su cuerpo hacia adelante. Si no lo hubiera hecho probablemente ella fuera capaz de colgarlo de los pulgares por como solía dejar ver su personalidad. –Aunque no sé que responderle. Mi respuesta sigue siendo la misma, deme tiempo.

Sus labios se cerraron y miro distraídamente el cielo nocturno. El silencio con esa mujer no se le hacía incomodo aunque probablemente otros en su situación ya hubiesen salido corriendo. Era la presencia, la fuerte actitud de la mujer que se asemejaba a la suya y por lo mismo no le intimidaba. Estaba habituado a tratar con personas similares desde pequeño. Aun recordaba…

Suprimió el pensamiento y la voz de la profesora le hizo girarse completamente para darle toda su atención. Su antebrazo derecho aún apoyado en la fría piedra. Alzó una ceja y formuló una sonrisa burlona de quien se encuentra con algo tan retorcido e ilógico. No pudo evitar señalarlo. -Ya me hubiera quitado puntos y dado un castigo si lo fuera a hacer. –Chasqueó su lengua contra el paladar y golpeo la colilla suavemente para deshacerse del excedente de ceniza. –Y además… -Se humedeció los labios, midiendo las palabras que iba a utilizar. –Creo que podría sacarle provecho a una conversación con usted. –Miro hacia un lado, el paisaje pareciéndole nimio e insignificante desde esa estatura. –Profesora. –Recalcó el amado titulo de la misma. Las personas siempre disfrutaban de saberse más poderosas que los demás, se dijo. Por eso mismo ella recalcaba esa idea. El problema era que cuando él se egresara cabía la probabilidad de que rápidamente tuviese que tratarlo como un igual. Y Keith Ross comenzaba a tener la idea de que quería que eso comenzase a darse en aquel preciso instante. Podía ser paciente pero después de seis años de su vida comenzaba a agotarse su resistencia.
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Simone Borage
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MensajeTema: Re: Cigarillos en el balcón...   Miér Ago 12, 2009 8:04 pm

Mayor de edad.

Articulé una pequeña mueca mientras escuchaba la contraparte de él, era un mocoso odioso, siempre quería quedar con la última palabra, eso estaba claro, alterante, soberbio y orgulloso, con apenas dos encuentros ya vislumbraba con perfección el carácter fuerte y característico de Ross, sin dudas el individuo destacaba, la verdad es que hubiese encajado mucho mejor en Dumstrang.

- Sigues entre las paredes de esta escuela, Ross- le rebatí- y eso anula cualquier libertad, aun seas... mayor de edad- lo ultimo lo pronuncié con un leve matiz irónico, que por supuesto sabia, él había captado.

Visualicé el cigarrillo entre mis dedos antes de volver a llevármelo a la boca, expulsé el humo en argollas nuevamente, era una cierta manía que tenía, me gustaba formar aros perfectos con el humo, no por nada había comenzado a fumar con mi abuelo Libatius a la edad de 14 años, había sido por él, encerrados ambos en su despacho, que había fumado por primera vez una pipa y cigarrillos, y desde entonces no los había dejado jamás, transformándose en un vicio, mi madre nunca gustó de verme con un cigarrillo entre los dedos, reclamando la mala imagen que daba como "señorita de sociedad", estaba demás decir que jamás la oí, nunca reprimía mis deseos, incluso si estos eran "mal vistos" por la sociedad. Jodida sociedad, si quiera fuese la mitad de lo era en siglos anteriores y no los escombros deprimentes y desvirtuados de hoy en día, donde ser "purista" es considerado un defecto.

Apagué la colilla del cigarrillo contra el barandal y la hice desaparecer antes de voltearme nuevamente hacia Ross, apoyé la espalda contra la superficie de piedra del balcón y me crucé de brazos mirándolo fríamente.

- Tiempo...- repetí con voz sepulcral.

Con una frase como ella de "déme tiempo" lo más común hubiese sido lanzarlo desde el balcón por tamaño insulto de respuesta, le estaba ofreciendo una gran posibilidad, no una invitación a una fiesta de cumpleaños, y el muy… se estaba tomando su "tiempo". Le miré fijamente antes de articular una mueca de desagrado, no agregaría nada más, no iba a rogarle jamás, yo no era la beneficiada con aquello, sólo él. Vino a mi mente el recuerdo de Balakirev... bueno, quizás en ese caso si hubo algo de beneficio mutuo...

Sonreí burlonamente al escuchar sus últimas palabras.

Provecho de una conversación conmigo.

Alcé el rostro nuevamente para observarlo, Ross era más alto que yo, contextura delgada pero atlética, rostro anguloso. Era de porte atractivo, aunque podía inferir que por la personalidad que expelía no era de los que tenía mocosas tras de él. Normal, de seguro le temían.

- ¿Por qué habría de querer una conversación contigo cuando puedo penetrar en tu mente y descubrir todo lo que quiero?- pregunté ácidamente aunque nuevamente el trasfondo burlón decoraba la frase, mitad advertencia, mitad prueba.

Por segunda vez volvía a probarlo, poco a poco quería saber frente a que clase de hombre- ya no alumno- me enfrentaba.
Me volví a voltear y nuevamente el paisaje se abrió paso ante mis ojos, comenzaba a helar ya el ambiente, lo percibí por el leve vaho que salía de mi boca cuando hablaba.

- ¿Qué tanto sabes de legeremancia y oclumancia, Ross?- pregunté- En Dumstrang es casi parte del programa tener al menos un nivel medio en ambas ciencias-añadí- claramente aquí ni siquiera lo han pensado... lo cual es deplorable.

Una ráfaga de viento llegó de lleno donde nos encontrábamos, mi capa se alzó, lo mismo que mi cabello, maldije en ruso- hábito adquirido en mis años de escuela- mientras volvía a ordenarlo, esta vez en un moño alto, el mismo que siempre me hacía cuando me dedicaba a realizar y probar pociones, para que así no estorbara, mi padre solía decir que cada vez que tomaba mi cabello era porque algo brillante ocurriría.

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MensajeTema: Re: Cigarillos en el balcón...   Sáb Ago 15, 2009 6:03 am

No le gustaba quedarse con las palabras en la boca. Sentía la necesidad de contradecir a las personas, dar su opinión y ser siempre el último al hablar. Le daba cierta seguridad saber que el otro no podía contestarle o se cansaba de hacerlo dejándole ver que sus argumentos eran más consistentes o bien su personalidad tan tozuda terminaba por ganarle a las débiles de los demás. -En una institución tan mediocre, ¿Por qué seguir las reglas? –Decirle eso sin tapujos ni retenciones cuando ella era parte del staff de la misma era atrevido. Pero K. solia ser sincero y brusco en sus comentarios. Podía adornarlos con bellas palabras pero la mayoría del tiempo pasaba de eso. No le interesaba ser hipócrita como su hermana a menos fuera imprescindible.

No seguía las reglas del colegio aunque su hermana era prefecta. Ni pretendía seguir mucho las del ministerio aunque su padre había trabajado allí. Él no era de esos que pudieran llegar a ser gobernados por los que consideraba tontos. Sonrió disimuladamente al notar en que tonada repetía sus palabras. Joder a los profesores le divertía, Simone no era un caso diferente. Si le molestaba era su problema. Aún no estaba seguro de querer agregar carga horaria a su apretujada agenda y sabía que una vez aceptara sería un esclavo del compromiso. La oportunidad de que le enseñara algo que aún no sabía era muy buena, casi única pero aún así debía pararse a pensar. No siempre –de hecho muy pocas veces- era un chico impulsivo.

Ante la postura de la mujer no pudo más que bajar la mirada y observarla fijamente, con un dejo de aburrimiento. La retorica lo golpeó como un balde de agua fría. Congelada. Mantener el juego de palabras, preguntas y respuestas, amenazas y burlas lo estaba llevando lejos. Quizás a un terreno desconocido que no le convenía pisar. Hizo una mueca con sus labios. Tramposa. Bien, el también podía dar golpes bajos. Aunque no lo haría ahora. -¿Por qué habrías de penetrar en mi mente si solo soy un mero alumno? –Saber interpretar eso era difícil.

Ella se dio la vuelta. Se llevó el cigarro a la boca, aspirando de el lentamente. Otro montón de nervios disipándose con el humo en el aire. Casi ni le molestó que volviera a ponerlo a prueba aunque cuando la nicotina terminara de consumirse –o de consumirlo- volvería a tener que hacer uso de su autocontrol para reprimirse. Por ahora estaba calmado. –Algo. No tengo quien me imparta el conocimiento pero por lo menos oclumancia llevo practicando un par de años. –Desde que su tía le había preguntado demasiado sobre cosas de su padre en prisión y él no le había querido responder había sumado ese tema a la lista de estudios extras.

Se mantuvo en silencio, sin moverse un centímetro. Sin quitarle los ojos de encima, como si ahora que no lo miraba pudiera descubrir él algo sin legeremancia. Algo oculto en su rostro, sus rasgos, sus muecas. Sus reacciones. Cosas que eran fundamentales para saber con quién estaba tratando, aunque ya tenía una idea. Vio el cabello de la mujer arremolinarse con el viento y la oyó decir algo que no comprendió. Aunque identificó el idioma al instante. Ruso. A Keith no le agradaban los rusos. –Es notable que considera a Dumstrang como la academia ideal. –Ross había querido asistir a ese colegio. Lo recordaba bien. Era irónico dado que él odiaba el lugar en que se encontraba. Pero bah. Oliver Nikolov era su mejor amigo y su nacionalidad no le había impuesto dejar de serlo. Aunque si llegaran a discutir sus peleas serían peor que la guerra fría. Porque uno nunca sabía hasta que punto serían capases de llegar.

-Y bien... En caso de que decida asistir a sus clases extras, ¿Qué tiene planeado hacerme realizar? –Le cuestionó. Que si quería unirlo tendría que convencerlo y como él de hecho estaba interesado –por lo menos para saber de qué iba el asunto- tenía que preguntar. Por su forma de ser, Keith supo que de otra forma ella no se rebajaría para insistirle sobre el asunto.
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MensajeTema: Re: Cigarillos en el balcón...   Jue Ago 27, 2009 5:14 am

Por supuesto sabía que alguien como Ross no se quedaría callado jamás sobre lo que tuviese que decir, fuesen cosas que agradasen o perturbasen a quienes lo oyesen, su ánimo desenfadado me lo dejaba claro, era agudo... con los gestos, las palabras, incluso en la manera de mirar.

"¿Por qué habrías de penetrar en mi mente si solo soy un mero alumno?"


Bufé, ocultando un leve atisbo de risa ante la respuesta a mi "provocación". Terminé por sonreír antes de enfrentarlo. Una mueca ladina, torcida, provocadora.

- Responder preguntas con más preguntas es una completa falta de educación, Ross...- murmuré con tono suave, como el tono fraternal de un padre enseñando algo a su hijo, aunque en esta oportunidad, claramente ambos sabíamos que estábamos lejos de aquella situación- Y soy tu profesora, no vuelvas a tratarte de “tú”, Ross, sólo yo puedo hacerlo.- remarqué.

Sin embargo su pregunta no dejó de darme vueltas unos segundos, era un alumno, si, pero no era como cualquier alumno, claramente yo no ofrecería horas de mi tiempo si no supiese que Ross tenía un "algo" interesante, algo atractivo que pulir y explotar, era un estudiante inteligente, podía llegar muy lejos...

Escuché atenta su respuesta sobre sus conocimientos en oclumancia y legeremancia, no parecía saber demasiado, pero algo sabía, asentí en silencio, quizás, si aceptaba tomar las clases conmigo, podría instruirlo no sólo en Pociones, sería bastante interesante moldear los potenciales de un alumno como él ya que estaba claro que Hogwarts no impartía el nivel suficiente para alcanzar el nivel deseado, me atraía la idea de poder tomar a alguien como "pupilo" y traspasar mis conocimientos, tal como lo había hecho Balakirev en mis años en Dumstrang, aunque en ese caso había sido una búsqueda mutua desde un inicio para que se diese aquella instancia en mis años de adolescencia.

Saqué otro cigarrillo y lo encendí con lentitud antes de responder su pregunta, expulsé el humo, el vaho se deshizo rápidamente producto de la brisa nocturna. Ross quería saber qué es lo que le enseñaría SI es que tomaba el ofrecimiento de mi parte. Su pregunta me enervó en cierta forma, parecía desacreditar o dudar sobre si le sería útil lo que yo podría enseñarle.

Apoyé una mano en el barandal y lo observé.

- Claramente está descartada cualquier poción que puedas realizar con los libros de enseñanza establecida, Ross- repliqué con dureza- El arte de las pociones no se aprende como lo enseñan los ingleses...- con esto le dejaba en claro también mi posición respecto de Hogwarts a Dumstrang- Comenzaremos con pociones conocidas, pero que deberás realizar ya a ojos vendados... sólo para probarte un poco- volteé mi mirada hacia el frente, alejando mi campo visual de su rostro- felix felicis, amortentia, filtro de los muertos, multijugos... - enumeré con monotonía- poción matalobos, poción del odio, y luego entraremos a un campo más interesante...- sonreí antes de dar una calada al cigarrillo- pociones más potentes, más poderosas, la amortentia es un mero jugo de calabaza junto a la poción nórdica que aprendí hace unos años, el veritaserum como sabrás es manipulable... existen pociones de la verdad realmente efectivas, pero que muy pocos saben realizar... un mínimo error y el caldero explota junto contigo, Ross...

Apoyé ambas manos sobre el barandal observando el lago a lo lejos, el cigarrillo consumiéndose rápido en mi mano, estaba por dar una calada rápida cuando el sonido de unos pasos a nuestras espaldas me detuvo, por las pisadas que oía se trataban de dos personas como mínimo. Acomodé mi capa sin voltearme.

- [b]¡Eh, ustedes dos, no pueden estar aquí!


Apreté la mandíbula, antes de voltearme con lentitud, dos prefectos de Hufflepuff se encontraban mirándonos con el ceño fruncido, sin embargo apenas me visualizaron de frente su expresión cambio por completo, de enfado a sorpresa.

Pedazos de idiotas.

Fumé del cigarrillo antes de lanzar la colilla al piso. Los observé con evidente furia, detestaba ser interrumpida en mis conversaciones, especialmente si eran dos mocosos impertinentes como ellos.

- Nombres- exigí con dureza.

Ambos estudiantes respondieron con premura mientras comenzaba a visualizar la patética mueca de miedo en sus rostros. Que detestable.

- Tienen 5 segundos para desaparecer de mi vista, los quiero en mi despacho mañana sábado a las 8 de la mañana- exigí- quizás podamos conversar la posibilidad de extirparles los ojos y cambiárselos por los de un elfo domestico- concluí.

Ambos estudiantes abandonaron el balcón luego de un "Si, profesora Borage". Me volví a voltear hacia el paisaje. Cómo detestaba ser interrumpida, y más aún, haber sido confundida con un alumno.

- Estúpidos- murmuré.

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MensajeTema: Re: Cigarillos en el balcón...   Vie Mar 26, 2010 7:51 pm

Vale, si. Aunque jamás lo admitiría ese había sido un punto para la profesora. Se había roto la equivalencia. Pero K. ya sabía el puente estaba hecho de una madera quebradiza que debería mejorar poco a poco. Se encogió de hombros, como restándole importancia a la sonrisa de Borage.

La oyó vagamente. Por un momento recordó a su madre. Y al siguiente a su tía. Se sabía el protocolo de cabo a rabo. Era un obsesivo en la mesa a la hora de comer con el motivo de seguir la tradición su madre le había impuesto alguna vez. ¿Pero era respetuoso al cien por ciento? Siendo sinceros, no. Desde niño no había mostrado una pizca de obediencia ni hacia las institutrices, ni hacia Eveline, ni hacia nadie. Así que el tratar de forma extremadamente educada a la profesora de pociones era en realidad solo un juego en el cual él se burlaba de su supuesto poder superior por sobre el suyo. Nada más. Era completamente natural a veces olvidara el usted y lo remplazara por algo más coloquial. Así que la remarca no más le sirvió para señalar se había distraído. Probablemente porque se estaba divirtiendo de una retorcida forma. Los profesores no le contestaban tanto. Generalmente le quitaban puntos y lo castigaban al momento se pasaba de la raya. No podían corregirlo nunca ni tampoco tolerarlo. Era todo un caso.

Así que cuando el rostro de Simone Borage se demostró exasperado por su respuesta a lo de las clases se dio cuenta con satisfacción había logrado dar vuelta el tablero. Mientras se terminaba poco a poco su puro, la oía enumerar posibles futuras tareas con aire desinteresado. En realidad, la estaba oyendo con bastante atención. Pero eso no era algo esperaba se notara en el exterior. La ligera amenaza final le hizo incluso sonreír ligeramente con diversión. Los retos y desafíos intelectuales le atraían de sobremanera, no podía negarlo. En la punta de su lengua una respuesta comenzaba a formarse pero dicha contestación se vio acallada en su garganta cuando la profesora bramó enojada contra dos estudiantes.

Miro por encima de su hombro a los dos intrusos y con una mueca apagó el cigarro consumido contra el barandal para luego dejarlo caer al vacío. Luego volvió su cabeza hacia el frente, sin entrometerse cuando Borage castigaba a los dos desgraciados. En sus adentros una parte de él se reía con malicia por el infortunio de ambos y otra aún más astuta notaba cierto detalle su mente estaba bloqueando. Lo que si gritaba claro en sus pensamientos era que ambos eran patéticos. Por un momento puso los ojos en blanco al ver lo sometidos caían frente a la presencia de la profesora de pociones y lo atemorizados reflejaban sus voces se encontraban. Débiles. Hufflepuffs. Y probablemente impuros. No eran más que otros nombres más en su lista de seres despreciables a quienes si tenía oportunidad era capaz de soltarle palabras de peor calaña de las que su profesora había empleado.

Se giró apoyando nuevamente su espalda contra el balcón antes de impulsarse y separarse del mismo, enarcando una ceja ante el murmullo de la profesora. – Estúpidos. –Repitió con lentitud en un siseo y a un volumen más alto del que ella misma había utilizado. Estaba viéndola fijamente. Ellos eran prefectos. Él sólo un alumno que no tenía el permiso para circular a esas horas por los pasillos. Entrecerró los ojos, estudiándola. Y se decidió por hacer lo más sensato.

Zanjar el asunto y ponerla de buen humor para escapar de un castigo casi seguro. -¿Y cuándo empiezo?

Rompió el silencio y la tensión del momento.
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Cigarillos en el balcón...
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